Chanel se pone selvático

En el último día del calendario internacional de la moda, donde hemos visto desde cabezas clonadas hasta tejidos holográficos y prendas futuristas, ha sido sorprendente ver la última colección de Karl Lagerfeld para Chanel, una expresión de moda en estado puro que ha sabido captar el esplendor de la naturaleza.
 
Chanel, otoño-invierno 2018 - Pixelformula

Ha sido un momento selvático el que se ha vivido, en un desfile celebrado en un enorme bosque recreado en el interior del Grand Palais. Allí se ha presentado una rica selección de prendas otoñales de lo más elegantes y chic. Paredes cubiertas con enormes pedazos de madera antigua, bancos de madera serrada para que se sentaran los 2000 invitados y un suelo enmarañado con raíces y hojas de arce. ¡Eso sí que es una puesta en escena con factor sorpresa!

El famoso tweed de Chanel se tiñó con las tonalidades naranjas, magentas y púrpuras típicas del otoño y los tejidos parecían imitar formas que recordaban a las montañas de Adirondacks, los bosques del norte de Europa o la Siberia de Dersu Uzala. Y todo ello apoderándose de americanas largas de corte acampanado y faldas largas emparejadas con las clásicas chaquetas de cuatro bolsillos de Chanel. En ocasiones, además, rematadas con bufandas a juego.

Muchos de los abrigos largos estuvieron decorados con flores de tela y con micro plumas, y en el desfile se presentaron nada menos que 81 looks. Magníficas criaturas del bosque iban pisando hojas mientras caminaban ataviadas con jacquard bordado o con vestidos de punto terminados con cadenas y collares con perlas en forma de bayas. Hubo guiños al tono dorado del arce en todas partes, desde botas de punta hasta zapatos de salón.
 
“Es una especie de verano indio que se mezcla con hojas doradas. Es un ambiente bonito, el otoño siempre fue mi estación favorita. Yo crecí en una casa en el campo en un estado donde había 12 avenidas de árboles que se parecían bastante a esto. Por eso, en cierto modo, he retornado a mis raíces de infancia”, explicó Lagerfeld en el backstage después de posar para unas fotografías junto a Carla Bruni.

Con los aplausos resonando en el Grand Palais, Karl salió un instante a saludar junto a su nueva modelo favorita, Luna Bijl.
 
El casting lució algo austero, con sus melenas recogidas en moños y el maquillaje oscuro. Para la noche se presentó una selección de vestidos negros cortos clásicos, al estilo de los camisones, como el que vistió Kaia Gerber, la nueva embajadora de la casa. Su estilismo estuvo acompañado de guantes de color rosa hasta el codo y un nuevo bolso de la casa, el 31, llamado así en un guiño al refrán francés “se mettre sur son 31”, que quiere decir algo así como lucir de lo más elegante.

“Kaia es genial, su madre es genial y ella es maravillosa. Pero mi modelo favorita es Luna, la chica holandesa con la que he salido a saludar. Ella es de lo más divertida y parte de un nuevo grupo que he bautizado como Les Choupettes. Incluye a la hija de Vanesa Paradis, Lily Rose, y a mi propio ahijado, Hudson”, bromeó Karl, refiriéndose con ese nombre a su querido gato, Choupette.
 
Preguntado por la cena del mundo de la moda celebrada la noche anterior en el Elíseo, Karl respondió que “Anna (Wintour) quería que la acompañara. Yo estaba invitado, pero nunca voy a un evento o una fiesta la noche antes de un desfile. Da mala suerte. Además, he oído que los diseñadores jóvenes iban algo descuidados. Solo Anna iba vestida como una reina”, comentó Lagerfeld, vestido con una chaqueta negra con flores de tela, pantalones de ante y un lazo de seda decorado con un enorme zafiro.
 
“Los políticos franceses siempre han tenido miedo de la moda. Ellos temen que se les asocie con la riqueza y la alta costura. Por eso es bueno que Macron quiera cambiar esto celebrando esta cena. ¡Bravo!”, añadió.

Traducido por Eva Gracia Morales

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