El romanticismo elegante de Valentino

Para aquellos que buscan una elegancia etérea y romántica en la moda, Valentino ha sido, esta temporada, la casa perfecta. Desde la paleta de colores hasta los tejidos, pasando por una figura majestuosa; el desfile del domingo de la casa de moda fue una auténtica declaración de romanticismo en estado puro.


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Valentino - Otoño-invierno 2018 - Womenswear - París - © PixelFormula

Pocos diseñadores mezclan colores con la brillantez con la que lo hace el director creativo de Valentino, Pierpaolo Piccioli. Su combinación de colores pastel brillantes y colores primarios suaves fue excepcional. El desfile se celebró en un espacio hecho a medida, un inmenso hangar para un espectáculo de tan solo 15 minutos de duración, desde cuyas ventanas se podía contemplar la cúpula dorada del Palacio Nacional de los Inválidos.
 
El desfile llega tras el sublime trabajo de Piccioli en Milán para Moncler Genius (realizado en colores similares, pero con nailon), en la que le vimos cambiar de tercio hábil y radicalmente. Para este día, el diseñador trabajó con justicia la silueta línea-A que suele asociarse a los diseñadores romanos (desde Mila Schön a Valentino), vestidos de seda con ondas.
 
El estilo fue clásico; intensificado por la exuberancia de la técnica, flores de tela inmensas y pétalos de medio metro salpicando vestidos de noche de satén; abrigos de piel con intarsia de orquídeas gigantes; amapolas enormes y pensamientos en gran formato.
 
"La elegancia es autoridad. Encuentra en la ternura el tono de expresión y la individualidad en lo etéreo", explicaban los programas floridos de Piccioli.
 
En momentos, especialmente hacia la mitad, dio la sensación de que el desfile estuviese encerrado en una cápsula del tiempo, como atrapado en la alta costura de los años setenta. Aunque en términos generales fue toda una declaración de fantasía.
 
A pesar de sonar Björk a todo volumen entonando 'Isobel', se podían oír los murmullos y susurros del público admirando la belleza de muchos de los estilismos. Sobre todo al final, cuando pudimos contemplar media docena de vestidos deslumbrantes: destacando entre todos el de Kaia Gerber, un vestido hasta el suelo con pétalos gigantescos y lentejuelas en las mangas.
 
Al final, el público ovacionó al diseñador cuando salió a saludar. Ahora queda la OPI, que si funciona la mitad de bien que esta colección será todo un éxito.
 

Traducido por Ana Ibáñez

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